miércoles, 13 de mayo de 2009

Muere J.G. BALLARD



"Creo en la no existencia del pasado, en la muerte del futuro y en las infinitas posibilidades del presente", dejó escrito J. G. Ballard (Shangai, 1930) en What I Believe, una suerte de credo personal que le encargó en 1984 la revista francesa Science Fiction y en el que el escritor volcó sus obsesiones. Ya inmortal, incluso antes de su muerte, el autor falleció el domingo 19 de abril a los 78 años.

Gran referente de la literatura de ciencia ficción del último siglo, su obra sin embargo es difícil de catalogar, más allá de las propias cosas que parecían quitarle el sueño y que se repetían en casi todas sus novelas, como la violencia y la experimentación. Según sus palabras, quería ofrecer "un retrato de la psicología del futuro". Del Shangai de su infancia, ocupado por los japoneses durante la II Guerra Mundial, que recreó con nostalgia y horror a partes iguales en El imperio del sol (1984) a los viajes a un futuro de pesadilla violento e hipertecnificado de La exhibición de atrocidades (1970) no hay mucha distancia. Y de ahí, directo a un presente nada optimista, donde la ideología neonazi se confunde con el fervor popular ante un centro comercial, como escribió en su última novela, Bienvenidos a Metro-Center (2006).

Su obra es una de las más prolíficas y hasta que pudo desplazarse (hace unos ocho o diez años), era habitual verlo de viaje de promoción de sus libros por diferentes paises. Ballard fue una de las grandes plumas del siglo pasado a pesar de que no fuera precisamente un best seller en España.
Su ciencia ficción estaba siempre inmersa en el conflicto social, reflejando una sociedad visible actualmente en distintos lugares de la Tierra, como tallos de una voluntad incontenible.
De culto

A pesar de todo, el pasado año, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona dedicó una ambiciosa restrospectiva titulada JG Ballard. Autopsia del nuevo milenio que saldó cualquier deuda posible con el autor y donde se le hacía un retrato con justicia: "Paradigma del escritor de culto, hace tiempo que anticipa y diseca el universo en el que ahora mismo vivimos. Su imaginación visionaria creció en los ámbitos de la ciencia ficción onírica y subjetiva para acabar abrazando un aséptico hiperrealismo: en el fondo, siempre ha hablado de lo mismo, de las claves de la contemporaneidad y de las patologías de nuestro futuro inmediato, como si estuviese efectuando la autopsia de un futuro que ha nacido muerto".
El futuro, curioso, para alguien que afirmaba que sólo creía, entre otras cosas, "en los próximos cinco minutos".

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Tras varios años trabajando los medios digitales, ahora me dedico a publicar relatos cortos e historias mientras me adentro en lo más profundo de las artes plásticas...

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